Dr. José Abellán revela el impacto de los edulcorantes en la microbiota y el cerebro

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Millones de personas consumen edulcorantes diariamente, presentes en productos como café, refrescos 'light', yogures y chicles, con la promesa de disfrutar del dulzor sin las consecuencias metabólicas del azúcar. No obstante, su percepción ha cambiado. ¿Son seguros? ¿Impactan el corazón, el cerebro o la microbiota? ¿Superan sus beneficios los riesgos del azúcar? El doctor José Abellán, cardiólogo y divulgador, ofrece una visión basada en la evidencia, evitando tanto el alarmismo como la idealización.

El Dr. Abellán advierte sobre los edulcorantes

El 2 de febrero de 2026, el renombrado cardiólogo y divulgador Dr. José Abellán, en una entrevista concedida, abordó las complejas implicaciones del consumo de edulcorantes. Estos, presentes en innumerables productos de nuestra dieta diaria, desde el café matutino hasta los refrescos “sin azúcar” y los ultraprocesados, prometían una dulzura sin culpas. Sin embargo, su reputación ha disminuido con el tiempo, generando preguntas sobre su seguridad y sus efectos en la salud.

Según el Dr. Abellán, los edulcorantes son sustancias que confieren dulzor, y su principal característica es su potencia endulzante, muy superior a la del azúcar, permitiendo su uso en pequeñas cantidades. Se clasifican en artificiales, como la sacarina y el aspartamo, y naturales, como la estevia. También se distinguen entre nutritivos, que aportan energía (como los polioles xilitol y eritritol), y no nutritivos, que son intensos y prácticamente acalóricos, como la sucralosa y el acesulfamo K.

Durante décadas, los edulcorantes no calóricos fueron considerados seguros y una herramienta útil para reducir el consumo de azúcar, especialmente en personas con obesidad o diabetes. No obstante, su impacto fisiológico no es uniforme. Aunque edulcorantes como el aspartamo, la sacarina y la sucralosa no han mostrado una relación consistente con el cáncer o eventos cardiovasculares en dosis habituales, estudios previos con eritritol generaron inquietud sobre su posible vínculo con el riesgo cardiovascular; sin embargo, Abellán enfatiza que estos estudios no establecieron causalidad directa debido a la falta de control sobre la salud previa de los participantes y el consumo real. En realidad, la relación podría ser inversa: individuos con mayor riesgo cardiovascular podrían consumir más edulcorantes.

El efecto adverso más respaldado científicamente es la alteración de la microbiota intestinal. Los edulcorantes modifican la composición microbiana al cambiar el sustrato disponible para las bacterias, generando disbiosis. Esta alteración tiene consecuencias metabólicas y neurológicas, afectando la regulación del peso y la sensibilidad a la insulina, y perturbando el eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional entre el sistema digestivo y el sistema nervioso central. La sucralosa y el aspartamo se han relacionado con alteraciones metabólicas y cambios bacterianos específicos, mientras que algunos polioles han mostrado beneficios bucales.

El Dr. Abellán aclara que los edulcorantes no elevan la glucosa en sangre como el azúcar, pero pueden "engañar" los sistemas de regulación del apetito y la saciedad. Su consumo habitual puede reforzar la preferencia por el sabor dulce y activar los circuitos de recompensa, aumentando el deseo por alimentos azucarados. Además, la alteración microbiana puede modificar los receptores del sabor dulce y la respuesta hormonal, afectando indirectamente la secreción de insulina y el metabolismo de la glucosa.

Los efectos cerebrales no son de toxicidad directa, sino una influencia sobre el eje intestino-cerebro y los mecanismos de recompensa. Al "hackear" el sistema del gusto, pueden interferir en las señales de saciedad y la conducta alimentaria, provocando una desregulación funcional que favorece el consumo compulsivo de dulces, especialmente en personas con resistencia a la insulina o síndrome metabólico.

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, los efectos negativos son reversibles. La reducción o eliminación del consumo de edulcorantes y la adopción de una dieta rica en alimentos frescos y fibra vegetal pueden restaurar el equilibrio microbiano. Abellán subraya que el impacto negativo de los edulcorantes se asocia a menudo con dietas pobres y ricas en ultraprocesados.

Las agencias reguladoras establecen ingestas diarias admisibles (IDA) para cada edulcorante, con amplios márgenes de seguridad. Las dosis que han causado efectos adversos graves en estudios están muy por encima del consumo habitual. Por ejemplo, la IDA de aspartamo es de 40 mg/kg/día, lo que equivaldría a 10-14 litros de refresco "light" diarios para un adulto de 70 kg, una cantidad irreal. Aunque estas cantidades son seguras, el Dr. Abellán advierte que seguridad no es sinónimo de recomendación diaria. Los edulcorantes pueden ser útiles para reducir el azúcar puntualmente, pero no deben reemplazar hábitos saludables ni ser un recurso cotidiano. La meta es disminuir la dependencia del sabor dulce en general.

En síntesis, el Dr. José Abellán nos invita a una reflexión crítica sobre el uso de edulcorantes. Si bien pueden parecer una alternativa inofensiva al azúcar, su consumo prolongado y en el contexto de una dieta desequilibrada puede tener efectos adversos en nuestra microbiota y en la regulación de nuestro apetito. La clave, como siempre, reside en la moderación y en priorizar una alimentación natural y consciente, buscando reducir nuestra dependencia de los sabores extremadamente dulces. Así, más allá de las cifras y los márgenes de seguridad, la verdadera sabiduría nutricional reside en escuchar a nuestro cuerpo y alimentarlo con lo que realmente necesita para su bienestar.

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