La Administración Trump ha introducido recientemente una reformulación de la pirámide alimenticia de Estados Unidos, que ha provocado diversas reacciones. Este nuevo modelo, que eleva las proteínas de origen animal, los lácteos y las grasas consideradas saludables a la cúspide, mientras que sitúa los cereales integrales en la base, busca promover lo que denominan "alimentos reales" y "ciencia de máxima calidad". Sin embargo, la estructura visual y las recomendaciones específicas han generado escepticismo, especialmente entre los especialistas en nutrición de España, quienes advierten sobre la ambigüedad que podría inducir en la población. La discusión se centra en la claridad de las directrices y la importancia de un equilibrio nutricional basado en enfoques dietéticos probados, como la dieta mediterránea y la atlántica.
La nueva propuesta nutricional de Estados Unidos bajo el microscopio de los especialistas
El primer día de febrero de 2026, Estados Unidos, bajo la Administración Trump, implementó un cambio significativo en sus directrices dietéticas. Los Departamentos de Salud y Agricultura del país revelaron una pirámide nutricional revisada que propone una disminución en el consumo de azúcares, un aumento en la ingesta de proteína animal, incluyendo carnes rojas, y una singular recomendación de abstenerse de alcohol durante el desayuno. El Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., justificó estas modificaciones como un esfuerzo para realzar la importancia de los "alimentos auténticos", basándose en principios de "ciencia superior" y "sentido común".
La nueva representación visual de esta guía alimenticia presenta una estructura invertida en comparación con la tradicional. En la parte superior, más amplia, se encuentran ahora la carne, los productos lácteos y las grasas saludables, junto con frutas y verduras, mientras que los cereales integrales ocupan el lugar más estrecho, en la base. Celia Arcos, una observadora destacada, ha señalado la naturaleza invertida de esta pirámide.
En España, esta propuesta ha sido recibida con una mezcla de aceptación y crítica por parte de la comunidad experta. Aunque se reconocen ciertos avances, también se identifican áreas con potencial de mejora. Rosaura Leis, presidenta de la Fundación Española de Nutrición (FEN), calificó la nueva pirámide de "enigmática" y "desordenada", aunque admitió que ciertos aspectos, como el incremento en el aporte proteico y el mantenimiento de las porciones de frutas y verduras de 1992, son positivos. No obstante, Leis alertó que la disposición visual de la pirámide podría confundir a los consumidores, por ejemplo, al colocar los cereales en el vértice a pesar de recomendar dos a cuatro raciones diarias. De manera similar, la carne roja figura prominentemente, si bien el texto limita las grasas saturadas a un 10%. Leis también destacó la ausencia de legumbres en el diseño visual de la pirámide, sugiriendo que, a pesar de sus innovaciones, la pirámide tradicional es más intuitiva.
Ramón Estruch, catedrático de Medicina en la Universidad de Barcelona y presidente del Comité Científico de la Fundación Dieta Mediterránea, compartió una visión matizada, observando tanto puntos favorables como desfavorables. Estruch desestimó la idea de una "contienda contra las proteínas" planteada por la administración estadounidense, y en su lugar, enfatizó el debate sobre las fuentes proteicas. Abogó por un consumo predominante de proteínas vegetales, junto con pescado, aves y lácteos en moderación, y un menor consumo de carnes rojas, pero nunca una abstención total. Enfatizó que un consumo mesurado de proteínas, priorizando las de origen vegetal y pescado, se vincula consistentemente con una mejor salud a largo plazo, y sugirió que la narrativa de poner fin a una "guerra contra las proteínas" tiene más de mensaje político que de fundamento científico.
Ambos expertos españoles, sin embargo, coincidieron en la innegable excelencia nutricional de las dietas mediterránea y atlántica. Leis subrayó la fortuna de España al contar con dos regímenes alimenticios ancestrales que representan un patrimonio cultural y gastronómico, siendo al mismo tiempo saludables y ecológicamente sostenibles. Estruch respaldó esta visión, reiterando que la dieta mediterránea es universalmente reconocida como uno de los patrones alimenticios más benéficos, una realidad "confirmada por estudios científicos de la más alta exigencia". La arraigada presencia de la dieta mediterránea en España y el sur de Europa es un factor que contribuye a la mayor expectativa de vida y calidad de vida observadas en estas regiones. Estruch concluyó con optimismo, afirmando: "No estamos errados, y el paso del tiempo nos seguirá dando la razón".
Este análisis profundo de la nueva pirámide nutricional de la Administración Trump nos invita a reflexionar sobre la complejidad de las guías dietéticas y el impacto que pueden tener en la salud pública. La divergencia de opiniones entre los expertos subraya la necesidad de un enfoque más unificado y basado en evidencia científica sólida. Es crucial que las recomendaciones alimentarias sean claras, fáciles de entender y, sobre todo, que promuevan hábitos saludables a largo plazo, en lugar de generar confusión o promover mensajes que puedan ser interpretados erróneamente. La defensa de dietas probadas como la mediterránea y la atlántica por parte de los expertos españoles resalta la importancia de la tradición y la investigación en la configuración de pautas nutricionales efectivas para el bienestar global.